Aprovecho este medio para contar mi experiencia. Naci y crecí en el municipio de Champotón, en el Estado de Campeche, donde curse mis estudios de nivel básico y medio superior, posteriormente me traslade a la capital del estado, a estudiar la carrera de Licenciada en Administración de Empresas en el Instituto Tecnológico de Campeche, al concluir mis estudios trabaje alrededor de año y medio en empresas de iniciativa privada, ocupando diversos cargos como auxiliar contable, encargada de crédito y cobranzas, asistente del departamento de recursos humanos y encargada de nominas e impuestos, hacia el año 1995, un maestro del CETis no. 82, me invito a formar parte de su plantilla docente ya que en el área de la especialidad económico-administrativa hacia falta quien cubriera unas horas, al principio la idea no me atrajo mucho pero en el fondo, hija al fin y al cabo de maestros normalistas que amaron y dedicaron su vida al magisterio, tenia la inquietud de desempeñarme como tal, por lo que termine aceptando, en un principio sentí temor, en aquel entonces tenia 22 años, por lo que mis alumnos casi eran de mi edad, pero representaba un reto y acepte. Mis padres me aconsejaron y apoyaron ellos estaban acostumbrados a preparar clases, a innovar e implementar métodos que funcionarían de diferentes formas para los diferentes grupos e incluso para diferentes tipos de alumnos y disfrutaban su trabajo, sus consejos fueron de gran importancia, inicie impartiendo materias como: introducción a la administración, proceso administrativo, administración de la mercadotecnia y contabilidad.
Unos meses después tuve la oportunidad de formar parte del grupo de docentes de la Preparatoria Nocturna de Champotón, con las asignaturas: Economía y Filosofía por lo que me encontraba ocupada prácticamente todo el día. En el año 1996 la Escuela Preparatoria Nocturna iba a desaparecer para dar paso al Colegio de Bachilleres por lo que los maestros que laborábamos fuimos sometidos a una serie de exámenes de conocimientos para acreditar la permanencia. Fue entonces que inicie en el Colegio de Bachilleres con las asignaturas individuo y sociedad e introducción a las ciencias sociales, para ese entonces ya me había involucrado tanto que se me hacia algo de lo mas normal estar parada frente a un grupo de jóvenes impartiendo una clase.
Me di cuenta que el ser profesor implica una responsabilidad, quizás por mi juventud los jóvenes se acercaban con confianza y podía interactuar no solo con temas de las materias, también por problemas que los aquejaban y eso medio la oportunidad de ayudar, orientar y corregir conductas y formas de pensar que estaban equivocadas y eso me llenaba de satisfacción, posteriormente con el transcurso de los años empecé a ver que algunos de esos jóvenes culminaban sus carreras y al encontrarlos se acordaban de su maestra Yuly, se mostraban agradecidos y con ello me sentía recompensada.
Sin embargo también se reciben sinsabores e insatisfacciones, en mi caso estos se deben a los buenos estudiantes y excelentes promedios que han pasado por las aulas y por falta de recursos no continúan su preparación académica o truncan sus carreras eso duele y se siente impotencia. Sin embargo la satisfacción de contribuir con la preparación de los jóvenes que representan nuestro futuro, no tiene precio.
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